En 1994 me inicio en la fotografía analógica, montando un pequeño laboratorio de blanco y negro. Lejos quedan aquellos años de alquimia, líquidos y cubetas, donde todos los procesos de la luz no dejaban de asombrarme… La tecnología fue dando pasos de gigante, personalmente no quise quedarme atrás, y en 2006 comienzo mi adaptación a la fotografía digital, que a día de hoy practico exclusivamente.

Mi trabajo fotográfico abarca varios temas: paisaje, arquitectura, viajes…. Busco composiciones con un lenguaje visual nítido, sin distracciones, de tal manera, que una vez terminada la obra, quiero pensar que ya no soy necesario, creo que todos mis trabajos pueden relacionarse con el observador sin ningún tipo de explicación por mi parte, salvo alguna excepción, donde el título aporta información extra.

La geometría, el minimalismo, la soledad, la sencillez formal… son parte de mi «ADN» fotográfico. Siento especial atracción por el blanco y negro, pues creo que es la opción más elástica para desarrollar mi creatividad, por la irrealidad inherente al propio medio. No obstante, determinadas escenas, pierden fuerza al sustraerles el color, por lo que no reniego de este.

Mi proceso creativo, puramente emocional e introspectivo, podría resumirse a partir de un término, posiblemente inventado, que utilicé para dar título a mi primera exposición individual, «introvisión».

Introvisión: Resultado de la colisión entre la belleza y la mirada. Tras un periodo de colapso, el cerebro, desbordado por lo vivido, pierde su necesidad de control, e impulsado por fuerzas neuronales desconocidas, vuelca toda su energía en un sólo objetivo, devolver a lo real un objeto tangible, un objeto capaz de hacerle recordar que vivir, implica sentir.

En definitiva, es necesario que se produzca una determinada configuración emocional, de tal manera que, negativo (entendido como toma) y positivo se fundan, para desembocar en algo tan íntimo cómo mi forma de entender el mundo, casi siempre estética, y de manera puntual, política.